The Brand Band. Hace un año la criaturita todavía se estaba gestando, ni siquiera tenía nombre, pero yo ya sabía intuía donde podría llegar.

Escuchar música implica transportarte a una frecuencia que poco tiene que ver con la racionalidad y que te quedes completamente atrapado entre las notas. Samuel Butler (novelista) dijo:

La vida es como la música, debe componerse con el oído, el sentimiento y el instinto, no mediante reglas.

La música es emoción en estado puro. Despierta nuestros anhelos, esperanzas, ilusiones e incluso nos da la paz y el equilibrio que muchas veces necesitamos. Se ha dicho muchas veces, pero la vida sin música sería un error.

El hombre debería ser capaz de separar música de negocio, la llave no debería estar en ganar dinero con ella, sino en intentar arreglar un poco el mundo y los corazones rotos. Si todos fuéramos capaces de parar el reloj cinco minutos al día y nuestra atención se centrara únicamente en escuchar una pieza musical y pudiéramos poner nuestra cabeza en stand-by, probablemente dejaríamos de cometer muchos errores y seríamos capaces de darnos cuenta de las idioteces que cometemos día a día con la gente que nos rodea.

Escribir y escuchar música es lo que me permite recuperar un cierto equilibrio y me devuelve a la frecuencia correcta. Es triste porque sólo tengo tiempo para hacerlo "bien" los sábados.

Por favor, disfrutad de esta pieza de Mozart, Piano Concerto No 21 - Andante. Y por qué no, del cover de Robbie Williams de "My way". Emoción en estado puro.





The Brand Band tenía y sigue teniendo este objetivo, devolver la música al sitio que le pertenece.

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A veces se me olvida. A veces se me olvida que soy hipócrita, egoísta, desagradecida, mala hija, sin empatía, desmemoriada y otra vez egoísta. Se me olvida y soy feliz. Se me olvida que mi madre lo hace “todo” por mi y yo no hago nada para ella, que nunca le agradezco nada de lo que hace (creo que debería hacerle un monumento, o eso le parece a ella. Pero de verdad, no es por decir), que debería hacerle caso en todo lo que ella me dice, que sus motivos y su opinión siempre prevalecen por encima de los míos, que debería pasarme el día quejándome, como hace ella, de que no tenemos dinero. Que cuando en Antena 3 comentan en una noticia que “los adolescentes  toman el control de su casa con violencia”  te mire y te diga que eso es lo que haces tú, y yo solo pueda decir un  “no es verdad” y ella siga diciendo que sí. Al final tengo la creo, quizás así la convivencia no será una lucha constante.

He cometido otra vez el error de hablar con mi madre durante la comida, y hablarle encima de dinero, de que Europa y América toman medidas distintas porque no tiene nada que ver un continente con el otro, y que Europa hace “bien” en recortar, aunque nos parezca una medida incorrecta a simple vista. Por ser hija suya lo que me toca a mi es ir por la vida quejándome de que no tenemos dinero, de que todo es mucho más caro que hace tres años. Arrastrándome.

Hace 20 minutos que no paro de oír golpes, portazos y ruidos varios desde mi habitación, prefiero no salir. Le tengo miedo, aunque es probable que dentro de un rato no se acuerde de todo lo que me ha dicho... pero yo lo tenga grabado en mi cabeza. Aunque de hecho, aquí ni siquiera puedo escuchar música si no es en mi iPod. Compré ayer el disco de David Bowie “Heroes” remasterizado, para poder disfrutarlo en la mini cadena del comedor o en la de mi habitación, pero resulta que mi madre no soporta este tipo de música por lo que el disco vuelve a estar metido en su funda, encima de la mesa de mi escritorio. Porque parece ser que tampoco puedo quedar con gente (mala cara cuando le comenté que mañana domingo estaré todo el día con Dani) y evidentemente tampoco comprenderá que si no la acompaño a comprar (comprar? no habías dicho que no tenemos dinero?) es porque estoy trabajando para ganar dinero, sea sábado o domingo. Aunque de todas formas, en este ambiente de crispación y tensión tampoco puedo dejar que la creatividad fluya.

Es muy fácil comprender porque prefiero esperarme en un banco en la calle para hablar un mini rato con alguien, me pego unas palizas en tren yendo y viniendo de Barcelona, Sant Cugat o donde sea y  porque busco constantemente estar con determinadas personas. Quiero evitar a toda costa lo de los tres párrafos anteriores y sufrir innecesariamente, quiero que me enseñen que la vida no tiene porque ser así, que me enseñen a ser yo.

Huir quizás es de cobardes, pero también indica cierto “sentido común”. Prefiero no salir de esta habitación que demostrarme una vez más que no puedo ni sé enfrentarme a ella, las palabras no sirven, ni siquiera los intentos de dialogar o argumentar ambas posturas. Que preferiría estar con otra persona y que no quiero experimentar otra vez ese escalofrío que te recorre el cuerpo lleno de rabia, que si no fuera por el control al que me someto, habría acabado por hacer alguna barbaridad. Porque en realidad somos una bomba de relojería con el temporizador estropeado, sencillamente explotamos algún día.

Esta entrada es diametralmente contraria a la anterior, el “Manifiesto positivo”, y esto que escribo no indica que no creo en lo que escribí. Sencillamente soy un pobre “fénix” que se está quemando y necesita, de nuevo, que alguien le diga donde puede cogerse. Porque no sé qué pensar, no sé quien soy.

No me gusta nada tener que escribir esto, pero es mi forma de asentar las cosas en mi cabeza, releerlas y tratar de... relativizar. Y si alguien me da su punto de vista, pues mejor. Sé que saldré de esto en algún momento, pero sola no, son 6 años ya chocando con el mismo muro, empiezo a tener complejo de Dragon Khan.

Solo espero esa sonrisa tribulada
y aunque mientas me regales ese instante
donde dices tan seguro
que todo ira mejor
esa voz que me repite cada dia,
no estes triste y descansa, vida mia,
ya veras como mañana te encontraras mejor.  
He intentado levantar esa persiana,
escribir mil idioteces que hagan gracia,
y secar mi almohada a carcajadas,
y otra musica de fondo,
que no me arranque la emoción. 

Gracias.

Phoenix.

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