A veces se me olvida. A veces se me olvida que soy
hipócrita, egoísta, desagradecida, mala hija, sin empatía, desmemoriada y otra vez egoísta. Se me olvida y
soy feliz. Se me olvida que mi madre lo hace “todo” por mi y yo no hago nada
para ella, que nunca le agradezco nada de lo que hace (creo que debería hacerle
un monumento, o eso le parece a ella. Pero de verdad, no es por decir), que
debería hacerle caso en todo lo que ella me dice, que sus motivos y su opinión
siempre prevalecen por encima de los míos, que debería pasarme el día
quejándome, como hace ella, de que no tenemos dinero. Que cuando en Antena 3
comentan en una noticia que “los adolescentes toman el control de su casa con violencia” te mire y te diga que eso es lo que
haces tú, y yo solo pueda decir un “no es verdad” y ella siga diciendo que sí. Al final tengo la
creo, quizás así la convivencia no será una lucha constante.
He cometido otra vez el error de hablar con mi madre durante
la comida, y hablarle encima de dinero, de que Europa y América toman medidas
distintas porque no tiene nada que ver un continente con el otro, y que Europa
hace “bien” en recortar, aunque nos parezca una medida incorrecta a simple
vista. Por ser hija suya lo que me toca a mi es ir por la vida quejándome de
que no tenemos dinero, de que todo es mucho más caro que hace tres años.
Arrastrándome.
Hace 20 minutos que no paro de oír golpes, portazos y ruidos
varios desde mi habitación, prefiero no salir. Le tengo miedo, aunque es probable que dentro de un rato no se acuerde de todo lo que me ha dicho... pero yo lo tenga grabado en mi cabeza. Aunque de hecho, aquí ni siquiera puedo escuchar música
si no es en mi iPod. Compré ayer el disco de David Bowie “Heroes”
remasterizado, para poder disfrutarlo en la mini cadena del comedor o en la de
mi habitación, pero resulta que mi madre no soporta este tipo de música por lo
que el disco vuelve a estar metido en su funda, encima de la mesa de mi
escritorio. Porque parece ser que tampoco puedo quedar con gente (mala cara
cuando le comenté que mañana domingo estaré todo el día con Dani) y
evidentemente tampoco comprenderá que si no la acompaño a comprar (comprar? no
habías dicho que no tenemos dinero?) es porque estoy trabajando para ganar
dinero, sea sábado o domingo. Aunque de todas formas, en este ambiente de
crispación y tensión tampoco puedo dejar que la creatividad fluya.
Es muy fácil comprender porque prefiero esperarme en un
banco en la calle para hablar un mini rato con alguien, me pego unas palizas en
tren yendo y viniendo de Barcelona, Sant Cugat o donde sea y porque busco constantemente estar con determinadas personas. Quiero evitar a toda costa lo de los tres párrafos
anteriores y sufrir innecesariamente, quiero que me enseñen que la vida no tiene porque ser así, que me enseñen a ser yo.
Huir quizás es de cobardes, pero también indica cierto
“sentido común”. Prefiero no salir de esta habitación que demostrarme una vez
más que no puedo ni sé enfrentarme a ella, las palabras no sirven, ni siquiera
los intentos de dialogar o argumentar ambas posturas. Que preferiría estar con
otra persona y que no quiero experimentar otra vez ese escalofrío que te
recorre el cuerpo lleno de rabia, que si no fuera por el control al que me
someto, habría acabado por hacer alguna barbaridad. Porque en realidad somos
una bomba de relojería con el temporizador estropeado, sencillamente explotamos
algún día.
Esta entrada es diametralmente contraria a la anterior, el “Manifiesto
positivo”, y esto que escribo no indica que no creo en lo que escribí.
Sencillamente soy un pobre “fénix” que se está quemando y necesita, de nuevo, que
alguien le diga donde puede cogerse. Porque no sé qué pensar, no sé quien soy.
No me gusta nada tener que escribir esto, pero es mi forma de asentar las cosas en mi cabeza, releerlas y tratar de... relativizar. Y si alguien me da su punto de vista, pues mejor. Sé que saldré de esto en algún momento, pero sola no, son 6 años ya chocando con el mismo muro, empiezo a tener complejo de Dragon Khan.
Solo espero esa sonrisa tribulada
y aunque mientas me regales ese instante
donde dices tan seguro
que todo ira mejor
esa voz que me repite cada dia,
no estes triste y descansa, vida mia,
ya veras como mañana te encontraras mejor.
He intentado levantar esa persiana,
escribir mil idioteces que hagan gracia,
y secar mi almohada a carcajadas,
y otra musica de fondo,
que no me arranque la emoción.
Gracias.
Phoenix.